Nuestro país tiene una fuerte personalidad cultural pero la crisis actual nos obliga a reflexionar sobre el modelo de las próximas décadas. La cultura debe ocupar un rol central en la sociedad, no sólo desde el punto de vista educativo o de cohesión social, sino como estímulo económico.
Ante posicionamientos más cáusticos, se abre un amplio debate sobre los consumos culturales y es necesario buscar soluciones que pongan el horizonte a medio plazo. Nuestra realidad es hoy más compleja, y el Festival de Músicas Religiosas y del Mundo da respuestas a las múltiples identidades de la sociedad actual.
Cita anual del verano y con la ayuda de Pablo Milanés, Peret, Anoushka Shankar, Maria Bayo, Rachel Podger, Stile Antico o Cantus Cölln, el Festival se convierte en escaparate y laboratorio de una experiencia artística de calidad. Una ocasión para poner en común y renovar la forma de ver y sentir nuestra poliédrica realidad.
Antoni Tàpies, creador de la imagen del cartel de esta edición, otorga al arte un efecto taumatúrgico y sanador. Igual que con el Festival, su sensible obra nos obliga a repensarnos a nosotros mismos para construir una realidad mejor.
El Festival formula preguntas. En la búsqueda de las respuestas, disfrutemos de esta celebración estética.